Volver al inicio

Cuánto cuesta realmente decidir a ojo: el coste oculto de no tener datos

datospymesndmicostediagnóstico

Calculadora y bolígrafos sobre una mesa de madera

"No tenemos presupuesto para eso ahora" es la respuesta más habitual cuando se propone ordenar los datos de un negocio. Es una respuesta razonable si el coste de no hacerlo fuera cero. El problema es que no lo es — simplemente no está en ninguna factura, así que nadie lo ve.

Este post explica cómo se calcula ese coste oculto, con una regla que aplicamos siempre: nunca se inventa un número sin insumo real. No es una cifra de marketing tipo "las empresas pierden un 20% por mala gestión de datos" — es un cálculo concreto, a partir de datos que cualquier negocio puede dar sin contratar a nadie.

Las dos preguntas que destapan el coste

Antes de hablar de dashboards, de IA o de lo que sea, hacemos siempre dos preguntas muy simples:

1. ¿Cuántas horas a la semana dedicáis, entre todos, a tareas manuales de gestión de datos? Pasar cosas a Excel a mano, cuadrar cifras, generar informes copiando y pegando. Casi ningún negocio lo ha medido nunca, pero casi todos saben responder con una cifra aproximada en cuanto se lo preguntas — "pues... unas 5 horas, entre mi encargada y yo".

2. ¿Cuántas veces al año pasa algo evitable por un fallo de datos? Un pedido duplicado, una reserva mal gestionada, un cobro erróneo, una entrega perdida por un dato mal escrito en algún sitio. Tampoco suele estar contado — pero tampoco es difícil de recordar aproximadamente.

Estas dos preguntas, por sí solas, ya permiten calcular un coste real. Todo lo demás (facturación anual, KPIs concretos del sector) solo afina la cifra — nunca es obligatorio para tener una primera estimación seria.

Cómo se convierte esto en un número: tres formas de mirarlo, no una

Aquí está el punto que casi todo el que hace estos cálculos se salta: no existe "el" coste de una hora perdida — depende de qué pregunta estés respondiendo, y hay al menos tres formas legítimas de responderla, que dan tres números distintos y todos correctos a su manera:

  • El suelo (SMI): si esas horas las paga alguien a precio de convenio o salario mínimo, ¿cuánto cuestan al año? Es el número más defendible, el que nadie te puede discutir — el "como mínimo, esto".
  • El coste de mercado: si tuvieras que contratar a alguien específicamente para hacer ese trabajo manual a precio de mercado, ¿cuánto costaría? Suele ser más alto que el SMI, porque el trabajo cualificado de gestión de datos no se paga a salario mínimo.
  • El coste de oportunidad: si esas horas las está perdiendo el propio dueño del negocio, la pregunta cambia del todo — no es "cuánto cuesta esa hora", es "qué está dejando de hacer esa persona mientras cuadra una hoja de Excel a mano". Para un dueño que podría estar vendiendo, negociando o atendiendo clientes, esta cifra suele ser la más alta de las tres, y también la más real.

Ninguna de las tres es "la correcta" — depende de quién hace el trabajo manual hoy en tu negocio. Lo que no tiene sentido es no calcular ninguna, que es lo que pasa por defecto cuando el coste no aparece en ninguna factura.

Y los errores, aparte

El tiempo manual es una parte del cálculo. Los errores evitables son la otra. Cada incidente — el pedido duplicado, la reserva mal gestionada — tiene un coste de resolverlo: el tiempo que se tarda en arreglarlo, la compensación si hace falta, la reposición si se pierde algo físico. Multiplicado por cuántas veces pasa al año, deja de ser una anécdota molesta y se convierte en una cifra con la que se puede razonar.

Por qué esto cambia la conversación

La utilidad real de este cálculo no es asustar a nadie con una cifra grande. Es cambiar la pregunta de fondo. La pregunta habitual es "¿cuánto cuesta poner en orden mis datos?" — y esa pregunta, sin más contexto, siempre suena a gasto. La pregunta correcta es "¿cuánto me está costando ya no tenerlos en orden?" — y esa es la que, casi siempre, tiene una respuesta más alta de lo que el propio negocio pensaba.

Esto no sustituye a un análisis hecho con calma. Es, precisamente, el primer cálculo que hacemos en cualquier diagnóstico NDMI, antes de proponer nada — porque no tiene sentido hablar de paquetes ni de precios sin que el propio negocio sepa, con una cifra concreta, qué margen de mejora tiene encima de la mesa.

Cómo lo hacemos en Inari

Este cálculo — con sus tres niveles de defendibilidad, no uno solo — es parte del diagnóstico NDMI desde el primer contacto, y no exige que aportes ningún dato sensible: dos preguntas sobre horas y errores bastan para una primera estimación seria. Si quieres saber qué número te sale a ti, con gusto lo repasamos juntos en una conversación breve, sin compromiso.